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Dr. Juan Carlos Kusnetzoff - Los problemas sexuales en la medicina contemporánea PDF Imprimir Correo electrónico

 

En nuestra medicina contemporánea y, hasta cierto punto en la psicología, hay mucho para enorgullecerse. Sin embargo se dan, a pesar de tanto progreso, toda una serie de fracasos que suelen pasar inadvertidos para el público en general. Entre cientos de enfermedades, síndromes, cuadros clínicos diversos, existen ciertos problemas, de no escasa frecuencia, cuyo origen poco conocemos.

Por consiguiente, tampoco disponemos de terapéuticas efectivas y nos contentamos en administrar “soluciones” sintomáticas. Si hay fiebre, antitérmicos, si hay dolor, analgésicos, y así sucesivamente.

Entre los numerosos problemas que merecen escasa atención científica por parte de los profesionales médicos y psicólogos, se encuentran los problemas sexuales.
La aparición del famoso Sildenafil (vulgarmente conocido como Viagra® marca registrada de Lab. Pfizer), en los inicios de 1998 desencadenó una desenfrenada carrera por producir medicamentos con acción sobre la genito-sexualidad. No porque generosamente los laboratorios hayan volcado altruistamente su interés en mejorar el rendimiento y el placer de las parejas, sino que el “filón” comercial, prometedor de pingües ganancias, marca el camino del desarrollo. De las arcas, no de los pacientes consultantes, digámoslo con claridad.

Los aparatos tecnológicos modernos de los últimos cincuenta años, han llevado a los profesionales médicos, a alejarse de los cuerpos concretos de los pacientes, e interponerles “scanners”, tomografías computadas, ecografías y resonancias magnéticas nucleares. La pretensión de cientificidad, ha llevado a elevar la química al tope de las preferencias, transportadas por el filoso trocar (aguja gruesa y específica) de la biopsia. La búsqueda del diagnóstico, ha sido la mayor epidemia de la última centuria.

En Sexología Clínica, luego de aparatosas investigaciones clínicas, el paciente escucha azorado: “Ud. no tiene nada....”. Y lo que tendría que ser motivo de alegría, se transforma en desazón y desconcierto, porque la “patologización” ideológica de la comunidad, le ha hecho creer, firmemente, que “algo” tiene que tener.

Para continuar cómplice en este tipo de pensamiento predominante, el profesional, “inventa”: “altas sensibilidades del glande”, en el caso de la eyaculación precoz, “irritaciones de las terminaciones nerviosas”, en el caso de los problemas eréctiles, “el cotidiano estrés” en los problemas femeninos diversos, y numerosos casos de introducción, en el imaginario de los pacientes, que “algo” tienen, aunque no fácilmente detectable. Por lo menos, con los sofisticados métodos diagnósticos que poseemos hasta el presente.

Los profesionales, habituados a diagnosticar elementos concretos, que aparezcan en las radiografías como elementos opacos o en resonancia ecoica (en las ecografías) o en los informes de biopsias como distorsiones citológicas, o alteraciones en menos o en más de los parámetros hormonales, tienen, en general, dos opciones: o suministrar un medicamento cualquiera, que lo habitual es que sea algo dejado como “muestras para profesionales” por el último agente de propaganda médica, o establecer que se trata de un caso psicológico. Lo que es interpretado por muchos pacientes, como “me dijo que estoy loco”, “alienado”, “de internación”, o “camino del diván”, o “incurable”

Es muy difícil definir en números o porcentajes, la cantidad de pacientes que acuden a los clínicos, portando sí, una queja cualquiera – dolores hepáticos, reumatismo crónico doloroso los días lluviosos, anginas a repetición, ardores urinarios sin infección, etc.- y que en pocas entrevistas, o en el final de la primera, pueden confesar que tienen fallas eréctiles, o carecen de control eyaculatorio, o de falta de Deseo sexual, o que no pueden tener orgasmo con penetración, por mencionar, solo algunas de las quejas habituales.
Al dedicar un poco más de tiempo de las consultas habituales, frente a preguntas simples, el profesional puede enterarse, poco a poco, que la vida sexual, no es totalmente satisfactoria. Y que el o los sentimientos que unen a la pareja, están intactos. Pero, las actividades en la cama, son, lamentablemente, no satisfactorias.

Los problemas sexuales, algunos de larga data, terminan provocando depresiones manifiestas (malestar, tristeza, insomnio o dormir en exceso, debilidad general, falta de apetito, o exceso de él, etc.) depresión oculta o enmascarada (dolores inespecíficos en cualquier órgano, reumatismos atípicos, problemas dermatológicos diversos, malestares digestivos que simulan úlceras, diarreas por colon irritable, etc.)

Los trastornos sexuales de índole funcional, abarcan hoy, a principios de siglo, más del 90 % de los problemas. Esto quiere decir, que no se encuentran con los métodos más sofisticados de diagnóstico, lesiones demostrables en las arterias o venas, en el tejido de sostén de los genitales, en los parámetros hormonales, o en los músculos relacionados con la erección, la eyaculación y/o el orgasmo.

Las manifestaciones subjetivas de los disfuncionales sexuales.

La misma ignorancia de la anatomía y la fisiología de los genitales humanos, ya de por sí, pueden provocar una disfunción. Ignorar sobre la erección nocturna, sobre el líquido pre-eyaculatorio, sobre las medidas en cm. habituales de los penes, sobre posibles molestias intrascendentes en la entrada del conducto vaginal, en ignorar la repercusión que el cansancio producen en la realización del acto sexual, puede preocupar en exceso a las personas, a las parejas, y determinar que tienen un problema importante, cuando, en realidad, el problema en sí, no existe.

Tanto los problemas eréctiles, como eyaculatorios, desmoraliza al hombre, llevándolo, poco a poco, al retraimiento, al desequilibrio personal y de la pareja, y la inestabilidad en el humor. La llamada antiguamente “impotencia”, se convierte en un símbolo del fracaso general... La baja de la autoestima, es la regla. La preocupación general del hombre, es no herir o molestar a su compañera, por lo que –directamente- renuncian al coito. Esta es la razón por la cual, en la mayoría de los casos, se teme “la próxima vez” y el abandono de la vida sexual, por lo menos, en los estilos y frecuencias anteriores, es la regla.

Por lo general, la compañera entiende y comprende lo que ocurre al compañero, y lo impulsa y alienta a consultar o asesorarse con frecuencia. El varón no siempre reconoce tener un problema, y se escuda tras la confesión de que consulta, “porque ella necesita....”, “porque ella queda siempre insatisfecha”. Independientemente de la veracidad de estas afirmaciones, nótese en el acento colocado en la compañera y no en su propio dolor, decepción e insatisfacción.

Es habitual escuchar, luego de algunas semanas de tratamiento, que “tendría que haber consultado hace tiempo”. En el camino, quedaron discusiones interminables, negaciones de todo tipo, temores apocalípticos a ser descubierto por familiares o amigos, a pensar que “sólo a mí me sucede esto...”

Si se siguen las indicaciones de los profesionales, los problemas masculinos, suelen tener solución en semanas. Probablemente, no tengan la acción preventiva tipo “vacuna”, que la mayoría de los pacientes –mágicamente- piensan obtener. Pero, una mezcla cuidadosa de farmacología, consejos y asesoramientos pertinentes, y ejercicios específicos, cuando no el inicio de una psicoterapia breve, puede ser alentadora para la mayoría de los hombres que padecen de problemas sexuales y, por supuesto, de sus parejas.

Dr. Juan Carlos Kusnetzoff
Director del Programa de Sexología Clínica, del Hospital de Clínicas
www.e-sexologia.com
juanck@ciudad.com.ar

 

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