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Mundo Eva

De eso, no se habla PDF Imprimir Correo electrónico

La ley de silencio. ¿Qué familia no guarda un secreto bajo la alfombra?  ¿Quién no ha escuchado alguna vez la frase “Los trapitos sucios se lavan en casa”? Frases que ya de tan familiares, nos parecen que son correctas.

Según el terapeuta francés, Serge Tisseron, “Los secretos no sólo se oponen a la verdad, sino también a la comunicación. Por ejemplo, cuando un chico crece dentro de una familia con ´secretos´, evidentemente tiene la impresión de que existe un terreno que tiene prohibido pisar, pero por todo piensa que tener ´secretos´ es parte de ser adulto”. Según el autor, por más que pongamos todo nuestro empeño, la ley del silencio no podrá nunca acallar nuestra dolorosa verdad escondida, estará siempre presente de otra manera.


El ser humano está hecho de manera que siempre hay algo, una fuerza interior, un instinto, que lo obliga a hacerse representaciones de las situaciones que atraviesa.
Todo el mundo lo ha hecho alguna vez. Si alguien va por la calle y ve un accidente, cuando llega a su casa se lo cuenta a toda la familia, con muchos gestos e incluso con un croquis, es una característica humana. Pero cuando los miembros de una familia viven algo de manera muy intensa y no le pueden otorgar representación verbal, van a traducirlo inconscientemente. Sí, por ejemplo, a alguien lo atacan por la calle y no lo comunica, va a experimentar el miedo de otra manera, no querrá salir de noche y se excusará diciendo que está cansado. Los otros miembros de la familia se preocuparán porque esa actitud les parecerá incomprensible.

Nadie dice que la verdad sea fácil de pronunciar o dirigir, por eso, ella misma dicta sus tiempo y formas. No es una cuestión de “contar todo”, como aclara el terapeuta en su libro, “sólo se trata del derecho a la pregunta”.

La realidad no debe ser mostrada como un “secreto”, sino como algo de lo que siempre se puede hablar, disponible para cualquier pregunta o reflexión, por más doloroso que pueda parecer este proceso. Revelar un secreto de entrada no duele tanto, no resulta tan grave no problemático como imaginamos. Cuando más rápido se dice, mejor.

Mucha gente, al enterarse de algún secreto que intuía, exclama aliviada:-“Pensé que era peor”, “No es para tanto”, “¡Ah! ¿Era eso?.
El problema empeora cuando la mentira no se revela y perdura a través del tiempo. Es como una bola de nieve que aumenta su tamaño, que supura, que tiene mil esquirlas.


Aunque hagamos que no existe, produce efectos. Un hecho siempre es el mismo, pero cuando se le suma el dolor de la mentira, se agrava, porque daña al otro, hace un agujero en la ida de muchos.
La verdad tiene un valor de sanidad en sí mismo.

 

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