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8 de Marzo - Día Internacional de la Mujer PDF Imprimir Correo electrónico

Helen Keller, fue una mujer que dignificó la condición femenina. En ella se resume la historia de muchas mujeres que siguieron adelante y no se detuvieron, por más grande que sea el obstáculo. Feliz día de la mujer a todas aquellas que luchan por alcanzar sus sueños

Helen Keller es uno de los ejemplos más notables de superación personal ante las limitaciones físicas, en este caso encarnado en una excepcional mujer. 

Helen nació en Tuscumbia, Alabama, en 1880. Cuando aún no había cumplido los dos años de edad quedó ciega, sorda y muda debido a una enfermedad pasajera, pero muy traumática para ella y su familia. Su capacidad para afrontar retos le llevó, no sólo a superar uno tras otro todos aquellos ya de por sí difíciles para una persona altamente discapacitada, sino incluso muchos otros que pondrían a prueba a seres considerados “normales”.

La inteligencia de Helen era prodigiosa, algo que sus padres tuvieron en cuenta, y tras un primer contacto con el Instituto Perkins para ciegos de Watertown, Helen quedó en manos de una joven profesora llamada Anne Sullivan, la cual iniciaría un largo pero fructífero camino en su enseñanza. 49 años duró su trabajo pedagógico.

Al principio, Helen era incontrolable. Carecía de dos sentidos fundamentales, además de la pérdida del habla, y eso hacía improbable que pudiera llegar a comunicarse con otros humanos. Cualquier proyecto personal parecía infranqueable.

Anne utilizaba el tacto para enseñar a Helen cómo eran las cosas que le rodeaban. Un día se dio cuenta de que Helen relacionó el tacto del agua con un movimiento que le había hecho sobre la palma de la mano. Helen enseguida aprendió a nombrar las cosas que su maestra le enseñaba con diferentes signos de las manos sobre su palma, de tal modo que cinco años después ya dominaba hasta 70 señas diferentes, que empleaba para comunicarse con las personas más cercanas, especialmente su familia.

Anne enseñó a Helen a reconocer los caracteres alfabéticos, deletreándolos sobre la palma de la mano, y a “entender” lo que hablaba otra persona tocando sus labios con los dedos (el llamado método Tadoma), en el cual se identifican las palabras por las vibraciones que produce la voz.


A los ocho años de edad Helen ingresó en el Instituto Perkins para ciegos, y más tarde en la Escuela Wright-Humason para sordos de Nueva York. El progreso de Helen, fruto de su voluntad y ansias de superación, le llevó a graduarse con Matrícula de Honor en el College Radcliffe de Cambridge (Massachusetts), en 1904, cuando contaba con 24 años de edad. Anne, su inseparable maestra, fue su intérprete en todo momento.

Sorprendentemente, Helen no sólo fue capaz de aprender su lengua en Braille, sino también francés, alemán, griego e incluso alguna lengua ya muerta, como el latín. Además, se doctoró en Ciencias y en Filosofía y Letras. Cuando tenía 31 años de edad se había convertido en la persona más famosa e influyente de Estados Unidos, en lo que se refiere a la dirección de la opinión pública.

Helen se afilió al partido socialista, y hasta 1921 realizó activas campañas en apoyo de las clases trabajadoras. Se estableció como meta en su vida la de luchar por los derechos de los discapacitados, creando incluso una fundación para la prevención de la ceguera. Trabajó mucho en favor de sus conciudadanos y para la consecución de la reforma social y política del país.

Helen, contando siempre con la compañía de su instructora, Anne, viajó a numerosos países y conoció a variados personajes públicos de relevancia. Algunas personas famosas del momento obtuvieron la amistad de Helen, como Alexander Graham Bell, el primero en orientar a sus padres sobre sus posibilidades de recuperación; también se contaron entre sus amigos a Mark Twain y Charlie Chaplin.


El Presidente Johnson le galardonó con la Medalla Presidencial de la Libertad, considerado el mayor honor para un ciudadano estadounidense.

Por medio del Braille, Helen escribió varias obras (hasta once), como La historia de mi vida (1902), Dejadme tener confianza (1940) o Luz en mi Oscuridad (1960), así como numerosos artículos. Su vida y la de Anne Sullivan fueron argumento para varias películas.

Helen estuvo al lado de su maestra, Anne, en los últimos momentos de su vida, fallecida el 20 de octubre de 1936, a la edad de 70 años. Helen aún viviría 32 años más, murió el 1 de junio de 1968, cuando contaba 88 años de edad.


 

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